Sólo podemos controlar nuestros pensamientos controlando nuestros deseos, por el medio ambiente, el grupo, los libros y el maestro!
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¿Cuál es la forma más simple de detener la voz interior de nuestra mente, cuando tratamos de interactuar con el mundo?

Ahh…OK, tu quieres controlar tus pensamientos.
Desde luego, porque a veces nos encontramos en situaciones en las que comenzamos a tener pensamientos que no queremos.

Así que tratamos de detenerlos y luchamos para encontrar el modo de pensar en lo que si queremos.

Si no podemos hacerlo, nos sentimos incómodos o estúpidos o fuera de control, pues suponemos que la forma en la que las cosas suceden es así: primero comenzamos a pensar, luego escogemos algo sobre lo que nos enfocamos y analizamos y después visualizamos una actitud, guiamos nuestras reacciones, y entonces decidimos qué es lo que vale la pena alcanzar, y empezamos a hacer una cosa u otra para lograrlo.

Si lo hacemos entonces somos felices.

Pero eso no sucede en absoluto.

De hecho, ocurre totalmente lo contrario.

El pensamiento no es el causante de nuestros sentimientos y acciones.

El yo no está en el pensamiento.

Los pensamientos son producto de algo mucho más profundo.

El deseo es lo más cercano al yo del hombre.

Primero, sentimos un deseo, no pensamos, sólo sentimos.

Es del deseo donde brota el pensamiento y por eso, sólo pensamos en lo que queremos o en por qué no tenemos lo que queremos o en como tener y conservar lo que queremos.

El deseo viene con un sistema operativo que lo ayuda a crecer y a hacer su trabajo.
No podemos cambiar nuestros deseos con el pensamiento, sólo podemos aumentarlos.

Asi que, si queremos grandes pensamientos, necesitamos grandes deseos.

Entonces la pregunta realmente es ¿Cómo puedo cambiar sin el deseo?